DIOS ES NUESTRO AMPARO Y FORTALEZA

NUESTRO PRONTO AUXILIO EN LAS TRIBULACIONES

Ante los recientes movimientos telúricos registrados en nuestro país, y particularmente en la Ciudad de México, y ante los crecientes rumores de eventos de mayor magnitud que podrían arrebatar miles de vidas, los que somos hijos de Dios, no nos debemos dejar llevar por rumores, fundados o no en evidencias científicas.

Los que confiamos y dependemos de Dios, a través de Jesucristo y con fundamento en su Palabra, nos guiamos por lo que está escrito en ella, ya que constituye las promesas de Dios para nosotros, y sabemos que sus promesas son en él sí, y en él amén (2ª Corintios 1:20).

Ante eventos de esta naturaleza, la mayor preocupación que sobreviene es la integridad física de nosotros y de nuestros seres queridos. Pero ante eso, la promesa de Dios en su Palabra debe ser mayor que el miedo a la muerte, derivada de que se pueda caer el edificio o casa en el que nos encontremos en el momento del sismo.

Debemos confiar en que nuestra vida no terminará por eventos circunstanciales, sino cuando en su voluntad, Dios decida que así deba ser.

No partiremos a la presencia de Dios sino hasta que hayamos cumplido el propósito para el que nos creó. Así dice en el Salmo 138:8, como una afirmación:

“Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos.”

Debemos confiar en que así será. Por eso el salmista dijo en el Salmo 46 (énfasis agregado por nosotros):

1 Dios es nuestro amparo y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,
Y se traspasen los montes al corazón del mar;

3 Aunque bramen y se turben sus aguas,
Y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah

4 Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios,
El santuario de las moradas del Altísimo.

5 Dios está en medio de ella; no será conmovida.
Dios la ayudará al clarear la mañana.

6 Bramaron las naciones, titubearon los reinos;
Dio él su voz, se derritió la tierra.

7 Jehová de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah

8 Venid, ved las obras de Jehová,
Que ha puesto asolamientos en la tierra.

9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra.
Que quiebra el arco, corta la lanza,
Y quema los carros en el fuego.

10 Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;
Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.

11 Jehová de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah*”

*Selah: ‘Detente aquí y reflexiona en lo que acabas de leer.’

De acuerdo al versículo 6 de este Salmo, las naciones y los reinos temen cuando Dios habla y la tierra se derrite. Sin embargo los que confiamos en Dios podemos decir:

“Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah”

Por eso debemos ESTAR QUIETOS y CONOCER QUE ÉL ES DIOS. Cuando nos quedamos quietos, dejamos que Dios obre. Esto no significa que debamos ser imprudentes y no sujetarnos a los procedimientos de desalojo de una oficina o escuela, por ejemplo. Pero en todo caso, lo debemos hacer sin angustiarnos ni afligirnos, pues Dios está por encima de los sismos y de sus consecuencias, como dice el Salmo 91 (énfasis agregados por nosotros):

1 El que habita al abrigo del Altísimo

Morará bajo la sombra del Omnipotente.

2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.

3 El te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.

4 Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.

5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,

6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.

7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.

8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.

9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,

10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.

11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.

12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.

13 Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.

14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

15 Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.

16 Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.

Dios es nuestra esperanza y nuestro castillo. Con sus plumas nos cubre y debajo de sus alas estamos seguros. No tememos la mortandad que pueda llegar a traer destrucción a nuestro alrededor. Debemos confiar en que no nos sobrevendrá ningún mal. El manda a sus ángeles alrededor de nosotros, y nos llevan en sus manos, para que nuestro pie no tropiece con las piedras que encontremos en nuestro camino.

¿Cuál es la clave? El versículo 14 dice: “Por cuanto en mí ha puesto su amor”. Debemos poner nuestro amor en él, no en lo material, no en las cosas de la tierra, no en nosotros o en cualquier otro ser humano, por muy espiritual que se diga o aparente ser. Al hacerlo vamos a aprender a confiar en él y a depender de él. Le invocaremos y él nos responderá; estará con nosotros en momentos difíciles. Nos librará y nos saciará de larga vida.

Finalmente, los que creemos en Jesús y le amamos, algún día estaremos con Dios en su presencia y como dice Filipenses 1:21:

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.”

Porque ni siquiera la muerte física nos podrá separar de Dios.

Romanos 8:38-39: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,  ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Si nunca habías oído hablar de Dios de esta manera, o si te cuesta trabajo confiar y depender de él, sobre todo cuando las circunstancias parecen ser desfavorables o contrarias, te invitamos a que entregues tu vida a Cristo y PONGAS TU AMOR EN ÉL a partir de hoy. Solo di a Dios:

“Te entrego mi vida, te quiero amar por encima de todas las cosas, ven a mi corazón. Perdona todos mis pecados y limpia mi vida de la maldad con la que he pecado. Te recibo como mi Señor y mi Salvador. Sé tú mi amparo y fortaleza desde hoy y por la eternidad.

En el nombre de Jesús, amén.”

Te sugerimos que imprimas esta reflexión y la lleves contigo para compartirla con tus amigos, familiares, y compañeros de trabajo o de escuela. Enséñales porqué confías en Dios.

También te sugerimos que imprimas estos pasajes bíblicos y los pegues en algún lugar visible en tu oficina y/o casa.

Por adminrc